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Discurso del Embajador Robert J. Callahan

Presentación Impresiones y Reflexiones: Después de un Año en Nicaragua

Miércoles, 28 de octubre de 2009
Hotel Barceló, Managua

Buenas tardes,

Deseo expresar mi gratitud a la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua por organizar y auspiciar esta actividad. Yo sé que requiere de mucho trabajo y realmente aprecio sus esfuerzos. También quiero agradecerles a todos los presentes por honrarme con su presencia. Sé que todos tienen muchos compromisos y que en cambio han elegido pasar parte de su valioso tiempo escuchándome a mí. Gracias a todos.

Fue hace aproximadamente un año, el 15 de octubre, que di mi primer discurso formal en Nicaragua, también bajo el auspicio de AMCHAM. Hoy, quiero hacer unas reflexiones sobre lo que ha ocurrido en nuestro mundo en este año, así como sobre lo que he observado, lo que he escuchado y lo que he aprendido en Nicaragua.

Realmente no tengo un tema central para esta charla; más bien plantearé mis observaciones sobre la nueva administración estadounidense y sus políticas hacia Latinoamérica, y luego brindaré algunas reflexiones e impresiones personales sobre Nicaragua. Estas últimas se basan en mis extensos viajes a lo largo y ancho de este país encantador.

Antes de empezar mi charla, y anticipando sus preguntas e intereses, voy a tomar un momento para reiterar el punto de vista de mi Gobierno sobre la decisión que tomó la Corte Suprema de Nicaragua a inicios de la semana pasada con respecto a la reelección del Presidente.  Esto lo hago con el afán de mantener una comunicación abierta.

El portavoz del Departamento de Estado dijo la semana pasada y cito: “Estamos muy preocupados por la manera en que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua tomó una decisión este 19 de octubre sobre la reelección de funcionarios nicaragüenses, incluido el Presidente.

Compartimos la preocupación de muchos nicaragüenses de que esta situación es parte de un patrón más amplio de acciones gubernamentales cuestionables e irregulares, que empezó previo a las elecciones municipales fallidas de noviembre del 2008, lo cual amenaza con socavar las bases de la democracia nicaragüense y pone en duda el compromiso del gobierno nicaragüense de adhesión a la Carta Democrática Interamericana.”

El influyente presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado y ex candidato presidencial John Kerry, hablando a título personal, expresó la misma idea pero con un lenguaje más franco.
Permítanme poner esto en contexto. Ante todo, consideramos que todo país tiene el derecho de enmendar o reformar su constitución, lo cual abarca modificar los términos y condiciones para la elección de un presidente. Nosotros mismos lo hicimos en los Estados Unidos. La vigésima segunda enmienda, ratificada en 1951, prohíbe el ser elegido más de dos veces a la presidencia.

Para poder modificar nuestra constitución se requiere una propuesta de enmienda que logre la aprobación de una mayoría de dos tercios de la Cámara de Representantes y del Senado y que después aprueben las tres cuartas partes de los de los estados, generalmente mediante sus legislaturas estatales.  Es un proceso largo, público y complicado.

Lo que nos preocupa es la manera en que esta decisión fue tomada en Nicaragua, y esto dentro del contexto de la Carta Democrática Interamericana, de la cual son signatarios Nicaragua y Estados Unidos, y mediante la cual se puede hacer un monitoreo de su cumplimiento. La Carta, en su segundo artículo, hace un llamado a la “participación responsable de la ciudadanía” en las decisiones importantes.  En su artículo tres dispone la “separación de los poderes” y en el artículo cuatro estipula la “transparencia de las actividades del gobierno”.

Desde nuestro punto de vista, la Corte Suprema actuó de una forma indebidamente y atípicamente precipitada, en secreto, con la participación de jueces de un solo movimiento político, y sin debate público ni discusión. Pensamos que un asunto de tal importancia y que concierne el futuro de la democracia nicaragüense, merece la debida deliberación y análisis. Esperamos que todos los nicaragüenses tengan una oportunidad para expresarse, ya sea directamente o mediante sus representantes electos, sobre la enmienda a la constitución que permita la reelección del presidente. 

Hace un año, al estar ante ustedes, la campaña electoral en los Estados Unidos llegaba a su fin. Unas semanas después de mi discurso, los estadounidenses elegimos como nuestro Presidente a Barack Hussein Obama, hijo de un padre negro de Kenia y de una madre blanca de Kansas. Su victoria fue importante tanto para el pueblo de los Estados Unidos como para muchos más por varias razones, no menos por su repercusión racial y su profundo simbolismo.

Como un estadounidense que vivió los desgarradores conflictos raciales de los años 60 y 70 y que conoció la historia racial violenta y amarga de mi país, me sentí orgulloso y animado por el hecho de que hubiéramos elegido a un hombre negro para el cargo público más alto de nuestro país. Consideré que si los estadounidenses pudimos sobreponernos a nuestra historia de esclavitud y opresión, si pudimos superar un pasado rasgado por odios e intolerancia, sería lógico pensar que seguramente seríamos capaces de resolver nuestros otros problemas mediante el debate, el empeño y la buena voluntad. Quizás no se resolverían rápidamente, quizás no fácilmente, pero con persistencia y constancia, pensaba yo, podríamos ir poco a poco abordando nuestros problemas más desafiantes, avanzar en su solución y eventualmente resolverlos.

De hecho, el Presidente Obama ha invocado precisamente ese sentir en muchas de sus declaraciones públicas. El mes pasado, durante su discurso ante las Naciones Unidas, el Presidente expresó: “como afro-estadounidense, jamás olvidaré que no estaría aquí hoy sin la búsqueda constante de una unión más perfecta en mi país.” Luego señaló: “quienes eligen el lado de la justicia pueden forjar un cambio transformador.”

Al igual que muchos de ustedes, leí la autobiografía del Presidente Obama, “Sueños de mi Padre”. Me pareció que era la quintaesencia de la historia estadounidense. A todas luces, dadas las circunstancias especiales de su vida, el Presidente es sin duda distinto a la mayoría de los estadounidenses: creció en un hogar de dos razas en Hawái, después vivió en Indonesia, y apenas conoció a su padre. Sin embargo, por los valores que absorbió, las creencias que cultivó, las aspiraciones que desarrolló, Barack Obama encarna y refleja lo mejor de la promesa de los Estados Unidos. 

Según él mismo ha dicho y ha escrito, Barack Obama se adhiere sinceramente a los principios articulados por nuestros documentos fundacionales, o sea, la Declaración de Independencia y la Constitución. Dichos principios son la libertad, la igualdad, la oportunidad, la tolerancia, la diversidad y la democracia. El Presidente Obama es también un político hábil, pragmático y persuasivo, y un estadista capaz, sabio y realista.

Por estas razones no sorprende el hecho que haya ideado e implementado políticas que promuevan nuestros valores fundamentales y que fortalezcan las relaciones con nuestros aliados y amigos. Por otro lado, él ha expresado y demostrado su voluntad de que altos funcionarios de su gobierno se reúnan con representantes de gobiernos tradicionalmente hostiles a nuestros intereses y principios.

Puedo concluir que en parte es por estas razones que se le distinguió con el Premio Nobel a la Paz este año.
Y, si bien ha habido muchos asuntos apremiantes que han incidido en sus actividades y sus viajes, tanto él como los integrantes de su administración han dedicado una atención considerable a nuestros vecinos en el hemisferio.

El Presidente Obama viajó a México al poco tiempo de haber empezado sus funciones y luego otra vez en agosto. Participó en la Cumbre de las Américas en Puerto España, durante la cual conoció y habló con líderes de Latinoamérica y del Caribe. El vicepresidente Biden ha viajado a Costa Rica y a Chile. La Secretaria de Estado Clinton ha visitado varias veces a América Latina, incluyendo una vez a El Salvador y a Honduras. Otros miembros del gabinete han viajado a distintos países a lo largo del hemisferio. En otras palabras, nuestros vecinos al sur tienen relevancia para esta administración.

Como expresión tangible de ese interés por nuestro hemisferio, la administración de Obama amplió la Iniciativa Mérida, la cual por los próximos años aportará cientos de millones de dólares a México y a los países centroamericanos para combatir problemas transnacionales que nos amenazan a todos, tales como el narcotráfico y la violencia de las pandillas.

Su administración ha hecho más fácil los viajes y la comunicación a Cuba y ha iniciado pláticas sobre el envío directo de correo entre ambos países.

El gobierno estadounidense firmó recientemente un acuerdo con Colombia que da acceso limitado y claramente definido a las fuerzas armadas de los Estados Unidos a bases colombianas con el objetivo de apoyar a las fuerzas armadas de Colombia en su lucha contra el narcotráfico y el crimen internacional.

Asimismo, la administración del Presidente Obama está trabajando con el Congreso para ampliar nuestros programas en el hemisferio en materia de seguridad alimentaria, el medio ambiente y la energía y con el fin de buscar maneras innovadoras de enfrentar enfermedades como la malaria y el VIH-SIDA mediante la reciente Iniciativa de Salud Global. 

La administración del Presidente Obama sigue promoviendo el libre comercio en el marco del NAFTA y el CAFTA y ha anunciado su esperanza de que el Congreso ratifique acuerdos de libre comercio con Panamá y Colombia una vez que se resuelvan algunos temas pendientes.

También ha fortalecido la Iniciativa Caminos Hacia la Prosperidad, inaugurada en el 2008 y que, por su énfasis en la justicia social, la democracia y el comercio, mejorará la calidad de vida de todos los que habitamos este hemisferio.

Todos estos programas e iniciativas han sido concebidos con un enfoque multilateral, lo cual es otra de las características insignes de la administración del Presidente Obama. Para citar un ejemplo, apoyamos los esfuerzos de la OEA para dar respuesta a la crisis institucional en Honduras, respaldando de esta manera nuestro discurso con nuestras acciones. Y de hecho hoy día una comisión de alto nivel de los Estados Unidos encabezada por el Secretario Adjunto Tom Shannon esta en Honduras.  Consideramos que un problema hemisférico debe tener una solución hemisférica.

El Presidente ha declarado en muchas ocasiones que los Estados Unidos no puede y no quiere actuar solo. Los problemas que enfrentamos, tales como el cambio climático, las drogas, la pobreza, las enfermedades y el terrorismo, no respetan las fronteras ni la soberanía nacional. Si queremos resolver estos problemas, tenemos que unir nuestros esfuerzos. Esto no significa, sin embargo, que los Estados Unidos ha abandonado sus programas bilaterales. Al contrario, la administración de Obama ha continuado nuestra cooperación integral y sustancial en muchos países de América Latina y el Caribe en áreas como la salud, la educación, el fortalecimiento de la democracia y el desarrollo de infraestructura.

Estos programas, tanto los multilaterales como los bilaterales, buscan apoyar a nuestros vecinos a medida que desarrollan sus economías y fortalecen sus democracias. La cooperación es abierta y transparente y los programas benefician tanto a Latinoamérica como a los Estados Unidos. Nuestra meta es lograr un continente americano que viva en paz, democracia y prosperidad desde la Bahía de Hudson hasta Tierra del Fuego, y vamos a seguir en pos de esta meta con mucho empeño.

Ahora permítanme referirme a Nicaragua. Aquí, nuestro apoyo bilateral superará los cincuenta millones de dólares este año, sin incluir lo que resta de la Cuenta Reto del Milenio.

En el marco de un programa que costó aproximadamente cinco millones de dólares, el buque hospital COMFORT estuvo dos semanas este julio pasado anclado en Corinto. Durante ese tiempo, doctores, enfermeras, técnicos y ayudantes, tanto de los Estados Unidos como de una media docena de países, incluyendo a Nicaragua, brindaron tratamiento a casi veinte mil nicaragüenses de escasos recursos.

En total, el personal médico realizó doscientas setenta y siete (277) cirugías delicadas, entre ellas más de setenta (70) operaciones a niños y niñas con labio leporino y paladar hendido.  Operaron cataratas y vesículas y distribuyeron seis mil pares de anteojos.

Yo visité la clínica oftalmológica instalada en un colegio en Chinandega por el personal del buque COMFORT. En un momento en que iba caminando con el vicepresidente Morales Carazo, las personas que estaban esperando a ser atendidas nos reconocieron, se pusieron de pie y nos aplaudieron. Varios nicaragüenses, quizás personas que están en este mismo salón, me han preguntado si se nos agradeció por la visita del COMFORT. Contesto que sí. La respuesta es un contundente sí; se nos agradeció de la forma más inspiradora y gratificante posible. 
A través de otros programas, estamos colaborando con nicaragüenses para brindar mejores cuidados de salud para toda la población, especialmente los más necesitados.  Tenemos varios programas dirigidos a fortalecer la educación primaria y secundaria. Anualmente invitamos a los Estados Unidos a cientos de estudiantes, profesores, artistas, periodistas, oficiales militares, entre otros nicaragüenses, como parte de nuestros programas de intercambio cultural o educativo.  Por último, trabajamos con todos los nicaragüenses que estén interesados, sin distingos de partidos o de ideología, con miras a fortalecer las instituciones y las prácticas democráticas.

Este último programa ha recibido bastante crítica aquí. Algunos me han acusado a mí y a otros miembros de la embajada de entrometernos en la política interna de este país. Dicen que viajamos con los líderes de la oposición, financiamos sus actividades y que buscamos socavar al partido gobernante. Han instado públicamente a que me declaren persona non grata. Uno incluso dijo que el hecho que yo me reúna con la oposición era suficiente razón para que se me expulsara.

Pues sí, nos reunimos con la oposición. No es tan sólo un derecho bajo la Convención de Vienna, sino que es nuestra obligación como diplomáticos profesionales. Si nuestras contrapartes en Washington no se reúnen con los Republicanos no están haciendo bien su trabajo. Si nosotros evitamos tener contacto con la oposición aquí y nos reunimos sólo con el gobierno, estaríamos faltando a nuestro deber. Es más, dialogar con personas de todo el espectro político y social es parte esencial de nuestro trabajo y completamente apropiado.

Así que, permítanme ser claro: sí, nos reunimos con la oposición y seguiremos reuniéndonos con la oposición y con muchos otros, incluso con los miembros del partido de gobierno, cuando ellos estén de acuerdo con reunirse con nosotros.

Para dar un ejemplo, converso con regularidad con el canciller y con varios otros ministros. A lo largo del año pasado me reuní con los alcaldes Sandinistas libremente elegidos de Ocotal, Matagalpa y Corn Island y entregué modestas donaciones por sus esfuerzos para mejorar sus ciudades. He recibido a diputados Sandinistas como invitados a recepciones en mi residencia.

Nos reunimos prácticamente con todos los que quieran reunirse con nosotros.  Pero no entramos en la política partidaria o en asuntos de interés exclusivo para los nicaragüenses.  No viajamos con los líderes de la oposición. No damos dinero a personas ni a partidos.

Cuando el NDI y el IRI, dos organizaciones que reciben dinero del gobierno estadounidense, organizan un programa o un seminario, invitan a representantes de todos los partidos, frentes, alianzas y coaliciones políticas. Si dichos representantes prefieren no asistir, esa es su elección. Podemos respaldar dicha afirmación con evidencias. Sólo pido que quienes nos critican, quienes nos acusan de todo tipo de artimañas, también presenten evidencias creíbles de sus acusaciones. Digo esto con la entera confianza de que dicha evidencia no existe. ¿Por qué?  Porque no participamos en política partidaria ni en actividades indebidas.

Hace un año, encontrándome yo frente a ustedes, el mundo atravesaba una crisis económica que no haría sino empeorar a lo largo del año. En aquel entonces yo dije que el capitalismo democrático, es decir, la combinación de libre mercado y gobierno libre, era el mejor de todos los sistemas. 
Este sistema no es perfecto, como quedó demostrado por la crisis económica, pero es mejor que las alternativas. Dije que yo confiaba en que el capitalismo democrático demostraría su capacidad de resistir y se recuperaría. 

Bueno, estamos camino a la recuperación económica internacional. Las bolsas de valores han subido. El empleo se ha estabilizado. El comercio está creciendo en todo el mundo desarrollado. Ha requerido de medidas extraordinarias y mucha coordinación internacional y, claro, la recuperación será gradual, con reveses y tropiezos. Pero de algo estoy seguro, habrá recuperación.

Si alguien pone en duda que el libre mercado es la manera más eficiente de producir y distribuir bienes y servicios, le pediría que me diga qué otro sistema ha podido rendir mejor. Si alguien duda de la sabiduría de la democracia liberal, le insto a que dé un ejemplo de otro tipo de gobierno que haya sido más riguroso en proteger las libertades individuales, en asegurar la igualdad de oportunidades, en administrar justicia de forma imparcial, y en promover la creatividad y la confianza en sus ciudadanos.

Al respecto, agregaría que, en esta última entrega de premios Nobel, cada uno de los galardonados creció en un país que se adhiere a los principios del capitalismo democrático y, con la excepción de Herta Muller, la alemana que ganó el premio a la literatura, todos son ciudadanos estadounidenses.

Parafraseando al gran escritor y humorista estadounidense Mark Twain: “Las noticias de la muerte del capitalismo democrático han sido bastante exageradas”.

La clave del éxito del capitalismo democrático, en mi opinión, es la desconcentración del poder y la creencia de que las personas son capaces de decidir qué comprar, dónde trabajar y cómo votar. Con más personas en posesión de dinero, más personas participando en las decisiones políticas, más personas manejando los hilos de la autoridad ejecutiva, legislativa, y judicial de forma independiente, se hace más difícil que un solo partido o una sola persona detente el control absoluto.

Y como dijo proféticamente Lord Acton, el historiador británico del siglo XIX: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Cuando él escribió esa frase, Hitler, Stalin y Pol Pot aún estaban por venir.

Los totalitarios de todos los colores, aunque invoquen interminablemente al pueblo, en la práctica no confían en el pueblo. Estos, los que están a la vanguardia, se consideran los elegidos. Ellos creen que tienen el monopolio sobre la verdad, la visión y la capacidad. Quienes se les oponen son malvados, egoístas, avaros y prepotentes. Son traidores, o peor aún, apóstatas. Por esa razón, ellos interpretan la disensión como deslealtad, el desacuerdo como irrespeto. De esta forma desaparece la tolerancia y la sociedad se polariza.

Es cierto que el capitalismo democrático no es infalible. También es cierto que los ricos y los influyentes pueden manipular el sistema y de hecho lo explotan. Sin embargo, cuando se comparte el poder político y económico entre un mayor número de ciudadanos, como en el caso de las democracias prósperas, su influencia se limita y sus abusos son expuestos y sancionados. Existe rendición de cuentas para todos,  independientemente de lo rico o poderoso que sea el ciudadano.

La historia ha demostrado que el capitalismo democrático, a pesar de sus faltas y fallas, sigue siendo el mejor camino hacia la libertad y la prosperidad duraderas.

Cuando estuve ante ustedes hace un año, no había ido más allá de Matagalpa en el norte y Rivas en el sur y una vez a la costa Caribe, a Bluefields. Hoy puedo manifestarles que he visitado cada departamento y región autónoma en Nicaragua, y algunos varias veces.

Exactamente hace un mes, el 28 de septiembre, hice un recorrido en lancha junto al Jefe de la Fuerza Naval, el Contralmirante Estrada, atendiendo una cortesía de las fuerzas armadas nicaragüenses. Salimos desde San Jorge, cruzamos el lago, visitamos la colonia de artistas de Ernesto Cardenal en Solentiname y nos adentramos en el río San Juan desde San Carlos.

Desde ahí, fuimos hacia el este, visitamos El Castillo y pasamos la noche en unas cabañas rústicas en Bartola, donde comimos camarón de río y escuchamos el griterío de los monos. Al día siguiente fuimos a San Juan de Nicaragua, visitamos los cementerios de Greytown y exploramos algunos de los afluentes y quebradas del río. Al tercer día subimos a un barco de la fuerza naval en el Caribe y navegamos hacia el norte, a El Bluff. De ahí nos montamos en una poderosa lancha de tres motores de 200 caballos de fuerza cada uno y nos fuimos por el Río Escondido hasta El Rama, donde estaban nuestros vehículos para llevarnos de vuelta a casa.

Viajamos casi mil kilómetros en tres días, seiscientos de ellos por agua. Vi la naturaleza en su forma más espectacular; junglas, bosques, el  lago, islas y ríos; monos, aves y culebras, pero no vi caimanes. Nunca he visto la naturaleza en un estado más puro, y eso que he vivido en nueve países y he visitado otros cincuenta. Vi a los soldados y marineros jóvenes haciendo sus labores con dedicación y con mucha capacidad. Vi a nicaragüenses de todos los colores y de todos los cultos trabajando y conviviendo pacíficamente en las ciudades y los pueblos a lo largo del río, y hablé con muchos de ellos.

En otros viajes y en otras ocasiones, fui a Corn Island, a Bilwi y a Santa Marta en la RAAN, y fui a pequeñas aldeas en las montañas de Nueva Segovia y Madriz. Fui a cafetales cerca de Matagalpa y a fincas ganaderas en Chontales y estuve en Ometepe, en Corinto y en San Juan del Sur. Observé y analicé a Nicaragua y a los nicaragüenses. En ese proceso, pienso haber aprendido algo sobre este país y su gente.

He observado a Nicaragua y me quedo maravillado por su potencial. Es grande y fértil y su gente es trabajadora y comprometida. Los recursos naturales abundan, tanto en tierra como en agua. Nicaragua está localizada idealmente entre las tres economías gigantes de Norteamérica y los robustos mercados de Colombia, Brasil y Chile al sur, y tiene costas en el Pacífico y el Atlántico, ríos navegables y grandes lagos.

A pesar de todo esto, Nicaragua sigue siendo pobre. Tiene el más bajo ingreso per cápita en el hemisferio después de Haití.  Muchos luchan día tras día por encontrar alimentos para sus familias y para asegurarles una educación a sus hijos. Según algunos estimados, 60 por ciento de la población está desempleada o sub empleada. Más de medio millón de nicas, muchos de ellos entre los más brillantes y más ambiciosos, trabajan fuera de Nicaragua, principalmente en Costa Rica y en los Estados Unidos.

Muchas carreteras, varias de las cuales yo mismo he transitado, tienen grietas, hoyos y son intransitables durante los meses de lluvia. Yo he visitado y he hablado con personas que no tienen acceso a agua potable o a instalaciones sanitarias adecuadas, lo cual puede llevar inevitablemente a enfermedades crónicas.
Y en caso de necesitar atención médica, o no está disponible o es inadecuada. He observado que muchas escuelas carecen de libros e incluso pupitres, sin mencionar computadoras o laboratorios.

Pero, a la par, he conocido a nicaragüenses que tienen la determinación de resolver estos problemas. He estado presente en actividades en las cuales esta Cámara de Comercio, en colaboración con la Fundación Zamora Terán, ha entregado computadoras personales a cada estudiante de un colegio como parte del Programa Una Computadora por Niño. Visité una pequeña planta hidroeléctrica en Ometepe, construida por poco más de medio millón de dólares gracias a la visión y la determinación de un joven nicaragüense. Esta obra modesta genera electricidad para cinco mil personas que nunca la habían tenido.

Una de estas personas dijo que ella nunca había creído que viviría lo suficiente como para encender una luz en su propia casa. Esta señora tiene noventa y tres años.

He observado a administradores de una compañía de puros en Esteli, de un cafetal en Matagalpa, de una empresa de helados en Managua, de una destilería de ron en Chichigalpa y de una planta textil en Masaya. Ellos pagan y tratan bien a sus empleados y mantienen los más altos estándares de seguridad y limpieza. He platicado con sus empleados y están contentos y saludables y son productivos.

Visité una galería de arte en León y un museo arqueológico en la remota Ometepe, obras de una familia y de un individuo, con el fin de brindarles a sus conciudadanos una visión de su lugar en el tiempo y el espacio. 
Me he reunido con alcaldes de pequeñas comunidades que han mejorado sus parques o bibliotecas y reconstruido sus calles o sistemas de drenaje. He recorrido iglesias junto a sacerdotes que han restaurado sus edificios, muchos de los cuales datan de tiempos coloniales y con ello les han brindado a sus conciudadanos un sentido de orgullo cívico y religioso.

Inauguré un proyecto que instaló letrinas en un pueblito cerca de Mozonte, estuve presente para abrir un centro de distribución de productos agrícolas en Tomatoya, y corté la cinta en una planta procesadora de frijoles en Sébaco, todos construidos con el dinero de los impuestos de los estadounidenses. He tenido ocasión de encontrarme y conversar ampliamente con cientos de voluntarios, muchos de ellos estadounidenses, que vienen a Nicaragua a brindar sus conocimientos y esfuerzos para mejorar las vidas de los más necesitados. En Solentiname, por ejemplo, hablé con una pareja de jóvenes estadounidenses recién egresados, que se informaron sobre esta isla por internet y se costearon el viaje para venir a enseñar inglés en un colegio local.

Me contaron que vivían en una casa sin electricidad y que se bañaban en el lago. Estaban encantados con la gente de Ometepe que los había tomado bajo su ala y realmente estaban más felices de lo que yo pueda explicar con palabras.

Como muchos otros que han conocido y se han encariñado con Nicaragua, yo también me pregunto, ¿cómo se explica esta paradoja? ¿Cómo es que un país tan rico en recursos naturales y humanos, con tantas personas inteligentes y amplio apoyo internacional puede permanecer pobre durante tanto tiempo?

No tengo competencia en la materia pero, basándose en  estudios antropológicos, algunos expertos en desarrollo han divido a las sociedades entre “culturas de progreso” y “culturas de supervivencia”. Según estos peritos, las personas que viven en las culturas de supervivencia a menudo ven la sociedad como algo estático. Estas personas detienen su pensamiento en el pasado, culpan a otros por sus fracasos, se niegan a acomodarse, y consideran que las victorias de otros son derrotas para ellos. Tienen poca conciencia social y poco respeto por el bienestar común. Esa forma de pensar tiende a producir gobiernos insensibles y ciudadanos desconfiados y pesimistas.

En cambio, las personas provenientes de las culturas de progreso miran al futuro con optimismo. Ellos ven la sociedad como algo dinámico y en transformación continua. Confían en sí mismos y son autocríticos, admiten sus errores y tratan de corregirlos. Están dispuestos a acomodarse por el bien común y consideran que una distribución equitativa de los recursos del país les beneficia también a ellos.  Ponen mucho énfasis en la educación y en la comunidad y respetan los puntos de vista y opiniones de los otros, incluso si no están de acuerdo con ellos.

Cada sociedad, evidentemente, tiene elementos de ambas culturas, pero en los países exitosos predomina la cultura de progreso. En los países que no han logrado ese éxito tienen más influencia quienes se aferran a la idea de una sociedad estática o a una cultura de supervivencia.

Quizás esta explicación resulte muy simplista. Puede ser que refleje el sesgo de autores provenientes de países ricos. Puede que esté completamente equivocada.  Pero creo que plantea unas hipótesis interesantes y nos da material para la reflexión.

Sea como sea, al fin y al cabo, todos nosotros, cada día, tenemos que decidir el tipo de sociedad que queremos conformar y dejarle a nuestros hijos, así como qué es lo que somos capaces de hacer para lograrlo.

Como dijo el Presidente Obama durante el discurso ante las Naciones Unidas que ya mencioné: “La prueba de nuestro liderazgo no será la medida en que avivemos los temores y antiguos odios de nuestros pueblos. El verdadero liderazgo no se mide por la capacidad de silenciar a la disidencia, ni de intimidar o acosar a la oposición política. Los pueblos del mundo desean un cambio y han dejado de tolerar a quienes están en el lado equivocado de la Historia.”

Muchas gracias.

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