Artículo de Opinión del Embajador
Georgia, íntegra y libre
La Prensa 12 de septiembre de 2008
Robert J. Callahan
Tradicionalmente, cada cuatro años el mundo pone a un lado sus disputas para animar a sus atletas durante el cautivante espectáculo de las Olimpiadas. Durante este año olímpico, sin embargo, vimos un evento que ha sido cualquier cosa, menos cautivante, como fue observar los tanques, tropas y aviones rusos barrer las fronteras de uno de sus pequeños vecinos. Aunque el país en cuestión era Georgia y no Checoslovaquia, y los tanques eran rusos y no soviéticos, la escalofriante escena evocaba los actos de 1968.
El resultado de estos eventos es igualmente perturbador. Las tropas rusas se han negado a retirarse no sólo en las áreas disputadas como son Osetia del Sur y Abjasia, sino además en el propio Georgia, todo esto en violación de la integridad territorial de Georgia. Los Estados Unidos, solidarizándose con sus socios de la G-7, OTAN y la Unión Europea ha condenado fuertemente el reconocimiento ruso de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, el cual es inconsistente con numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, precedentes internacionales y el cese al fuego negociado por el gobierno francés.
Hacemos un llamado a todos los estados a que mantengan sus compromisos con las numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que apoyan la integridad y soberanía territorial de Georgia. Reiteradamente en los conflictos internos, desde Bolivia hasta España y la República Popular de China, el Gobierno de los Estados Unidos ha apoyado consistentemente la integridad territorial de estas naciones soberanas, urgiéndole a los gobiernos a que dialoguen y encuentren soluciones pacíficas con los grupos separatistas.
La atención mundial está enfocada ahora en dos objetivos: asegurar un alto permanente a todas las hostilidades y abusos en el área de conflicto, y ayudar a los sobrevivientes del conflicto.
Los Estados Unidos y otros países ya han empezado a enviar atención médica y equipamiento, comida, refugios y otra ayuda a las víctimas. El 3 de septiembre, el presidente Bush anunció mil millones de dólares en ayuda económica adicional para cubrir las necesidades humanitarias de Georgia y apoyar su recuperación económica. Más de la mitad de estos fondos estarán disponibles en el corto plazo para apoyar los esfuerzos de reconstrucción en Georgia, ayudando al gobierno de Georgia a liderar la recuperación de la nación y suplir las necesidades básicas, incluyendo el reasentamiento de las familias desplazadas. El resto de estos fondos, junto con la ayuda de la Unión Europea y otros socios, ayudará a Georgia a reconstruir la infraestructura crítica y asistirá a los negocios locales para que renazcan.
El vicepresidente estadounidense Cheney, durante su última visita a Georgia, claramente expuso nuestra posición al respecto: “Es la responsabilidad del mundo libre unirse al lado de Georgia”. Y le expresó a los ciudadanos de Georgia: “Ayudaremos a su pueblo a que cicatricen las heridas de su nación… y a asegurar la democracia e independencia de Georgia”. Él prometió que “los Estados Unidos ayudará a que Georgia se reconstruya y vuelva a su posición como una de las economías mundiales de más rápido crecimiento”.
En realidad, éste es el compromiso del Gobierno de los Estados Unidos, mundialmente, promover el crecimiento económico y proteger a las naciones democráticas. Como nuevo Embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, estoy empezando a visitar los muchos programas de asistencia que tenemos en Nicaragua, los cuales totalizaron más de 75 millones de dólares este año fiscal. Puedo ver cuan importante son estos programas para la economía de Nicaragua, ya que ayudan a que los nicaragüenses fortalezcan su sistema democrático y a que le saquen ventaja al acuerdo comercial de Cafta. Tras los desastres naturales, son absolutamente cruciales para incentivar la recuperación económica.
Las escenas de la agresión rusa —y ahora las amenazas, directas e indirectas, contra otras naciones como Polonia y Ucrania— han traído recuerdos aterradores a las otrora naciones cautivas que decidieron desde entonces seguir el modelo occidental de libertad y democracia. El mundo actual es diferente al de 1968, cuando la Unión Soviética invadió Checoslovaquia. Desde entonces, Europa, la comunidad trasatlántica y el mundo han avanzado. Rusia ha buscado cómo integrarse a las estructuras diplomáticas, políticas económicas y de seguridad del siglo XXI y los Estados Unidos ha apoyado esos esfuerzos firmemente.
Pero con estas acciones, Rusia ha puesto en riesgo su reputación internacional y sus aspiraciones. El impacto de sus acciones ya se siente a medida que surgen preguntas sobre la idoneidad de Rusia para entrar a la Organización Mundial de Comercio y el prestigio de un octavo asiento en el foro económico de la G-7. Algunos críticos incluso están cuestionando si es apropiado que Rusia sea anfitrión de las próximas olimpiadas en Sochi, que está a sólo un maratón de distancia del área en disputa de Abjasia.
Si Rusia quiere reparar el daño hecho a su reputación —y a sus relaciones con el resto del mundo— el primer paso a tomar es respetar el cese al fuego que firmó su presidente y detener todas las hostilidades. Según los términos del cese al fuego, debe retirar inmediatamente las tropas que entraron a Georgia el 6 de agosto. También debe permitir que entren observadores internacionales y que se entregue ayuda humanitaria. Lo más importante es que Rusia se adhiera a la política que había profesado anteriormente en apoyo al respeto de la integridad territorial de Georgia.
Sin estas acciones, Rusia se convertirá en una nación aislada en un sistema global que respeta el territorio de las naciones soberanas. Como dijo la Secretaria Rice tras la reunión de la OTAN: “No puede haber una relación normal con Rusia mientras continúe este tipo de agresión”.