Artículos de Opinión
La Nicaragua que los nicaragüenses desean
Por Paul A. Trivelli*
En las últimas semanas varios creadores de opinión locales han estado proponiendo que para gobernar efectivamente en Nicaragua se debe gobernar “la Nicaragua que es” y no “la Nicaragua que se desea”. Pensar así nos sugiere que los nicaragüenses no deberían buscar un mejor futuro para ellos mismos ni para sus hijos. Esta forma de pensar ata a cada nicaragüense a un modelo político obsoleto que premia con abundancia solamente a los activistas de los partidos políticos. Esta forma de pensar mantiene que para ser exitoso, la clase política nicaragüense debe apegarse a la forma “tradicional” de hacer las cosas, haciendo “acuerditos” con antiguos adversarios y cambiando alianzas por razones tácticas de beneficio propio. Esta teoría sobre la forma de gobernar premia el pragmatismo por encima del idealismo y plantea que el cambio en Nicaragua sólo puede lograrse a través de un cambio muy gradual en la cultura política que hoy en día no está respondiendo a las necesidades del pueblo. En su forma más perniciosa, este argumento sugiere que la única opción para los nicaragüenses en noviembre será seguir los llamados de un caudillo para derrotar al otro – una decisión donde el pueblo no puede ganar.
Yo diría que la democracia no se basa en la imposición de opciones falsas, sino más bien se trata de que cada ciudadano use las herramientas de la democracia para lograr acciones que transformen el escenario político de aquello “que es” a aquello “que la mayoría desea”. La democracia significa tomar buenas decisiones y proponer verdaderas opciones. El Presidente Abraham Lincoln, quien enfrentó grandes desafíos a nuestra democracia, dijo que “la democracia es un sistema del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”.
Para lograr esta transformación, los ciudadanos de cualquier democracia tienen el derecho de exigir que las herramientas de la democracia estén funcionando bien. Tienen el derecho de exigir que los poderes de estado respeten la Constitución. Tienen el derecho de exigir que un sistema de justicia administre el estado de derecho de forma no partidaria e imparcial. Tienen el derecho de exigir que el Consejo Electoral administre elecciones libres, transparentes e inclusivas. Tienen el derecho de exigir que sus legisladores pongan más atención al bienestar nacional que a la lealtad al partido. Tienen el derecho de exigir que se escuchen sus voces y que la clase política les responda. Y cada ciudadano tiene el derecho de usar su voto para rechazar a aquellos políticos que no estén escuchando.
He tenido el privilegio de viajar por Nicaragua y de conocer a muchos nicaragüenses de todos los sectores socioeconómicos y de distintas ideologías políticas. La mayoría de los nicaragüenses con los que he hablado no están satisfechos con la “Nicaragua que es”. Rechazan la idea de que el juego caudillesco de la política sea la única forma de gobernar. Desean mejor educación y salud para sí mismos y para sus familias. Quieren transporte público decente y económico. Los nicaragüenses entienden que es a través de mayores oportunidades y más libertad económica que se logra salir de la pobreza. Sienten escalofríos ante cada nueva noticia sobre otro descarrilamiento de la justicia por parte de las cortes. Me preguntan si Chile y Bolivia pueden tener elecciones libres y justas, ¿por qué Nicaragua no? Entienden el poder de la sociedad civil y el poder que tienen sus votos para transformar el escenario político y saben muy bien como es la “Nicaragua que se desea”.
Los nicaragüenses quieren y se merecen un futuro brillante. Ojala que la clase política de Nicaragua oiga y permita que se oigan las verdaderas voces del pueblo.
* El autor es Embajador de los Estados Unidos de América en Nicaragua