discursos del embajador
presentacón de cartas credenciales ante el presidente de la República de Nicaragua.
27 de agosto de 2008
Muy buenas noches. Antes que nada, quisiera dar las gracias al Presidente Ortega por aceptar mis credenciales a sólo una semana de mi llegada a este fascinante país y en esta bella ciudad de Matagalpa. Es un gesto generoso que yo, y el Gobierno de los Estados Unidos de América agradecemos sinceramente.
Esto me permite comenzar a trabajar en serio con el gobierno y el pueblo nicaragüense en el ejercicio de mis funciones y representar los intereses de los Estados Unidos aquí en Nicaragua. También es un placer para mí compartir esta noche con la Embajadora de Alemania, mi esposa Debbie, y colegas de la Embajada.
Una de mis principales responsabilidades como embajador es la de describir, explicar y promover las políticas estadounidenses hacia Nicaragua. Permítame identificar estas políticas brevemente--Los Estados Unidos busca apoyar a los nicaragüenses en su esfuerzo por fortalecer su democracia y desarrollar su economía--todo esto basado en el diálogo maduro y el respeto mutuo.
Nuestro compromiso con el pueblo nicaragüense no es mera retórica, es una política traducida en hechos, son palabras que resultan en programas, son intenciones hechas realidad.
Al trabajar con los nicaragüenses dentro del Gobierno, la sociedad civil, las empresas, las fuerzas militares y las instituciones de mantenimiento del orden, de educación y salud, entre otros campos, tenemos como resultado un sinnúmero de proyectos en conjunto que apoyan cada día a los nicaragüenses de cada manera.
Al calcular el valor de esta cooperación bilateral – en términos de la asistencia directa, de la USAID, y la Cuenta Reto del Milenio – sumando los beneficios económicos que se derivan de las labores del Cuerpo de Paz, inversión directa, las remesas, los ingresos del turismo, los intercambios militares y educativos, llegamos a una cifra que fácilmente sobrepasa los quinientos millones de dólares al año.
Leemos estas cifras y seguimos adelante, pero ¿qué significan realmente? ¿Cómo ayudan realmente a que los nicaragüenses y los estadounidenses se acerquen más?
Piensen primero en la voluntaria del Cuerpo de Paz, Nicole Headquist, de veinte tres (23) años de edad, quien trabaja en San Dionisio. Ella está enseñando temas de medio ambiente y nutrición en las escuelas públicas de Susulí Central, El Jicaro Uno y El Llano. Pero ella también convive entre los matagalpinos, conociéndolos a ellos y a sus familias, sus tradiciones e preocupaciones, y ellos, los de ella.
Cuando Nicole se marche, les va a contar a los estadounidenses en su ciudad natal de Walled Lake, Minnesota sobre lo que vio, escuchó y aprendió, y los nicaragüenses la recordarán como el rostro de los Estados Unidos, como una amiga y colega.
Piensen ahora en el joven de dieciséis (16) años de edad, Emilio José Velásquez del Municipio de Rancho Grande. Él y otros cien (100) jóvenes de escuelas públicas en todo el país asistieron al campamento de inmersión en inglés, patrocinado por la Embajada este verano en Managua.
Ellos están ahora, mejor preparados para estudiar en el extranjero si así lo desean y, en el futuro competir por empleos mejores remunerados que requieren del inglés.
Piensen en el niño Ches Lacayo de Puerto Cabezas. Antes de la llegada reciente del buque Kearsarge a la RAAN, este muchacho de once (11) años padeció por siete (7) años de un tumor en su ojo derecho. La semana pasada fue operado por un cirujano de nuestras fuerzas navales para restaurarle su visión.
Y piensen en el equipo médico del Kearsarge quienes hicieron posible esa operación, y la satisfacción que obtuvieron al ayudar a ese niño. Ese niño no sólo era un nicaragüense, al igual que ese doctor no era sólo un estadounidense. Los unía su humanidad.
Piensen en la madre nicaragüense que logró un empleo con buen salario en la fábrica Cone Denim cerca de Managua, que usted ayudó a inaugurar, Sr. Presidente en abril de este año. Ahora, ella puede proveer casa, comida y educación para su familia, y tiene el orgullo y la dignidad de la que goza toda persona trabajadora.
Piensen en los agentes de la policía nacional que participaron la semana pasada en el arresto de unos traficantes de drogas y la incautación de más de mil ochocientos (1,800) kilos de cocaína en Managua.
Ellos ayudaron a interrumpir este nefasto negocio y a mantener estas drogas venenosas fuera de las calles de las ciudades de los Estados Unidos y América Latina.
Estos son los verdaderos resultados de la cooperación entre los Estados Unidos y Nicaragua, muestras del tipo de beneficio que una relación de colaboración armoniosa trae a todos nuestros ciudadanos.
Debemos seguir construyendo en base a estos logros, buscar más y mejores maneras de demostrar nuestro compromiso y confianza mutua como pueblos y como naciones.
Pero mientras persigamos estos fines dignos, debemos tener en cuenta que no siempre vamos a estar de acuerdo en todo. De hecho, estoy casi seguro que vamos a disentir. Las naciones soberanas, incluso aquellas con las mejores intenciones, a menudo ven las cosas desde perspectivas contradictorias. Pero cuando eso ocurra, espero que podamos discutir nuestras diferencias de una manera respetuosa, encontrar un compromiso aceptable y seguir adelante.
A fin de cuentas, lo que nos une – desde nuestra posición como vecinos en este hemisferio, pasando por los lazos comerciales y familiares hasta nuestro amor por el béisbol- es más grande y mucho más importante que lo que nos divide.
Muchas gracias.