discursos del embajador
Embajador Robert J. Callahan
Palabras al Llegar en Nicaragua
21 de Agosto 2008
Buenas tardes y gracias por venir. Es un gran placer para mi esposa Debbie y para mi estar en Nicaragua, un país que conocimos por primera vez en 1981 cuando viajamos por tierra desde San José hacia Tegucigalpa.
Recordamos claramente la belleza natural de sus lagos, montañas, playas, y bosques, y recordamos la calidez y generosidad de su gente. Aunque la visita fue breve, estuvo llena de experiencias agradables. Esperamos mostrarles este hermoso país a nuestros hijos mayores, nuestros hermanos, hermanas y amigos, quienes planean visitarnos durante nuestra estadía.
El protocolo diplomático indica que no debo comentar sobre asuntos bilaterales hasta que haya presentado mis credenciales ante el Presidente Ortega. Puedo decir, sin embargo, que tengo muchos deseos de trabajar con el Gobierno y pueblo de Nicaragua conjuntamente para continuar construyendo relaciones maduras, respetuosas, y de beneficio mutuo.
Estoy seguro que nosotros podremos lograr precisamente eso. El gran poeta Rubén Darío, uno de los escritores más brillantes del nuevo mundo, tituló una de sus obras, "Salutaciones del Optimista". Yo también soy optimista, alguien que cree que el futuro será más próspero, pacífico, justo, y democrático que el del pasado.
De nuevo, Debbie y yo estamos complacidos de encontrar en Nicaragua un nuevo hogar. Estamos ansiosos por conocer bien este país encantador—su gente, cultura, y costumbres y, hablando por mi cuenta, del impresionante béisbol de Nicaragua.
Muchísimas gracias.