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discursos del embajador

Palabras del Embajador de los Estados Unidos Robert J. Callahan
Para la Presentación ante AMCHAM
Hotel Holiday Inn

Miércoles, 15 de octubre de 2008

Buenas tardes y gracias por brindarme la oportunidad de plantear algunos temas que son de interés para la Embajada estadounidense y, espero, para ustedes también. En particular, quiero agradecer la generosidad de nuestro anfitrión hoy, la Cámara Americana de Comercio AMCHAM, quien me ha demostrado muchas cortesías durante mis primeros dos meses en su bello país.

Hablé brevemente hace un mes en el Foro de Competitividad, que tuvo como anfitrión al COSEP y la AMCHAM, pero este será mi primer discurso público en el cual exploraré temas que van más allá de los negocios y la economía. Hoy, quiero hablar sobre nuestra compleja y frecuentemente conflictiva historia con Nicaragua, porque si no podemos llegar a entender lo que hemos hecho, fallaremos en lo que estamos intentando hacer.

Después quiero analizar nuestras políticas hacia Nicaragua. Primero las discutiré en un plano más bien filosófico – cómo definimos y comprendemos la democracia, que queremos decir con libre comercio, mercados abiertos y desarrollo económico – y después seguiré con cómo aplicamos esos valores en nuestros programas y qué esperamos lograr a través de ellos. Para cuando termine, están bienvenidos sus preguntas y comentarios.

Les voy a hablar de manera educada pero franca para evitar metáforas confusas y referencias vagas. Yo pienso que los amigos pueden hablarse así, y por supuesto considero que este grupo y el pueblo nicaragüense son mis amigos. Las relaciones, de cualquier tipo imaginable, entre mi país y el de ustedes existen desde hace 150 años. Eso es mucha historia. Y es ahí donde voy a empezar.

Hace un mes, el 14 de septiembre, los nicaragüenses celebraron un feriado para conmemorar la derrota de las tropas de William Walker en San Jacinto. Creo que muchos estadounidenses hoy en día se unirían a ustedes en esta celebración, y sospecho que muchos en 1856 también hubiesen estado contentos con el resultado de la batalla. El filibustero Walker era un hombre siniestro – un intolerante que se pavoneaba medio loco de ambición y poder. No era la persona ideal para presentarle los Estados Unidos a los nicaragüenses.

Han ocurrido muchas otras intervenciones estadounidenses desde entonces. Muchos nicaragüenses me han dicho que los Estados Unidos ha invadido Nicaragua cinco veces. Otros nicaragüenses han contestado que los nicaragüenses mismos, o al menos una facción o la otra, pidieron la ayuda de los Estados Unidos para resolver las rivalidades partidarias que habían hundido al país en el caos y la inminente anarquía y que los Estados Unidos había enviado a los Marines.

Aun cuando los estadounidenses no hemos estado presentes en uniformes, muchos nicaragüenses argumentan que siempre hemos logrado ejercer control político y económico a través de políticos maleables y los grandes negocios. Una serie de gobiernos estadounidenses perdonó abusos personales de todo tipo, me dicen, ignoró la terrible pobreza y alentó la perpetuación de una sociedad semi-feudal. Otros contestan que, a pesar de algunos excesos, los Estados Unidos ayudó a traer orden social y progreso material a Nicaragua, permitiéndole a este país a convertirse en la economía más vibrante de Centroamérica a mediados del siglo pasado.

Yo se lo dejo a los historiadores, nicaragüenses y extranjeros, para que debatan esos temas. Sin embargo, diré que sin importar el motivo, sin importar la intención, sin importar las consideraciones geopolíticas del momento, los Estados Unidos cometió muchos errores aquí, algunos de gestión, otros por omisión. Y más de algunos nicaragüenses, dentro y fuera del gobierno, también los cometieron.

Pero a pesar de lo conflictiva que sea nuestra historia, ¿acaso lo es tanto como, digamos, la historia de Francia y Alemania? Los padres de quienes gobiernan en esos dos países hoy lucharon una contra el otro durante la Segunda Guerra Mundial, y los padres de sus padres se mataron entre ellos por millones, una generación antes, en el frente occidental, un cataclismo de proporciones épicas. De hecho, desde la caída del Imperio Romano en el quinto siglo, y hasta 1950, aquellos que llamaban hogar a Francia y a Alemania tenían una relación tormentosa. Eso es mil quinientos años de discordia y mala voluntad.

¿Y hoy?  No sólo es poco probable que haya guerra entre Alemania y Francia, sino que es impensable.  Ambos países son de los más prósperos y democráticos del mundo, miembros líderes de la Unión Europea, aliados y amigos. Claro que aun hay rivalidades entre los dos pueblos orgullosos, pero ahora los enfrentan a través del deporte, el idioma, la comida, las artes y otros propósitos benignos. Trabajan juntos, legislan juntos, viven juntos. Se han convertido en miembros de la misma familia europea.

Así que, mi primer punto es sencillamente que la historia, la cultura y la geografía son importantes, pero no deben ser necesariamente determinantes. Mi siguiente punto es que si alimentamos la confianza, nos enfrascamos en debate inteligente, logramos arreglos constructivos, y demostramos la buena voluntad, podemos domar las sospechas históricas y sobreponernos a antiguos resentimientos.

Y es lo que nosotros –nicaragüenses y estadounidenses - debemos hacer. Los paralelos que hago entre Alemania y Francia y la relación entre Nicaragua y los Estados Unidos no son perfectos. Nuestra historia no es ni por cerca tan larga ni de tanta confrontación y hay mayores discrepancias en términos de riqueza, poder y tamaño en nuestro caso. Estamos conscientes de eso y de que, como el país más grande, debemos cuidarnos contra la arrogancia y el descuido, algo en lo que a veces hemos fallado.

Es una forma sinuosa de decir que entendemos el porqué algunos nicaragüenses, ciertamente no todos, quizás ni siquiera una mayoría, ven nuestra presencia aquí con cierta desconfianza. Sabiendo eso, tendríamos que ser ingenuos, obtusos, casi insensatos si intentáramos empezar a hacer algo que arriesgase nuestras actividades diplomáticas en Nicaragua. Ni lo hacemos ni lo haremos. Cuando organizamos una capacitación sobre las formas modernas de hacer campañas políticas transparentes, por ejemplo, invitamos a cada partido, frente, movimiento y alianza a que participen. Cada cual puede decidir si quiere venir o no, pero es su decisión, no la nuestra. Les damos la bienvenida a todos.

Quiero declarar públicamente que todo lo que hacemos aquí, cada programa en apoyo del desarrollo, democracia, salud y educación, cada intercambio de estudiantes, soldados o artistas, cada donación a la policía o a las fuerzas armadas--todo, cada cosa--lo hacemos de manera pública y transparente. Así que cuando ustedes escuchan acusaciones de que los Estados Unidos está secretamente tratando de socavar la democracia en Nicaragua, o que está furtivamente involucrándose en políticas partidarias, por favor recuerden lo que acabo de decir: todo lo que hacemos, lo hacemos abiertamente.

Entonces, ¿qué es lo que hacemos? Como he dicho muchas veces, nuestra intención aquí es apoyar a aquellos nicaragüenses que quieran fortalecer su democracia y desarrollar su economía. Antes de mencionar algunas de las formas en que estamos apoyando a los nicaragüenses hacia esos fines, pensaba tomarme un momento para describirles lo que entendemos por democracia y como pensamos que un país puede crear prosperidad de la mejor manera.

Antes que nada, no creemos y nunca hemos pensado que el sistema democrático de los Estados Unidos es el único apropiado para otros países. Nuestro sistema de gobierno, nuestra constitución, emergieron naturalmente de nuestras experiencias en el Nuevo Mundo y nuestra cultura estadounidense única. Este deriva de nuestra tradición anglosajona de derecho común y se inspira mayormente en la Reforma Protestante y el Siglo de las Luces, según la interpretación que le dieron nuestros próceres.

Si uno lee las Cartas Federalistas, principalmente escritas por James Madison, un fundador que quizás merece mucho más aprecio, y un filósofo político de primer orden, descubrirán la base lógica de nuestro sistema – pesos y contrapesos, separación de los poderes, gobierno limitado, y una difusión de influencia entre los muchos grupos y facciones en competencia.

Y si uno lee “Democracia en América”, las brillantes observaciones de Alexis de Tocqueville sobre el experimento temprano estadounidense en auto-gobierno desde el perspectivo de un aristócrata francés, verán como la base racional de Madison se hizo realidad. Lo que más le impresionó a de Tocqueville fue cómo funcionaba nuestra democracia a nivel local, con todos los distintos elementos de una sociedad libre, pocos de ellos gubernamentales, cooperando y compitiendo uno con el otro.

Pero de nuevo, es nuestra creación. Nos ha servido bien por más de 200 años.  Pero las democracias, como las flores, vienen de distintas formas, tamaños y colores, todas llamativas, ninguna de ellas perfecta. Como dijo Winston Churchill una vez, “la democracia es el peor de los sistemas, exceptuando a todos los demás”.  La democracia costarricense es distinta de la italiana, y la versión canadiense no se parece para nada a la japonesa. Pero nadie pone en duda que estos cuatro pueblos viven en democracias robustas.

Si bien no se parecen mucho en estructura, entonces ¿qué es lo que las distingue como democracias? ¿Qué las hace democracias?

Esas preguntas serían un buen tema de debate, pero supongo que podemos identificar algunas cualidades que caracterizan a todas las democracias:

Elecciones libres y justas, llevadas a cabo regularmente y que tienen la confianza de la mayoría de los ciudadanos;

La alternancia periódica de los partidos en el poder;

Partidos de oposición con voz en el gobierno;

Un poder judicial independiente, no corrupto y apolítico, que establece y asegura el estado de derecho;

El respeto por los derechos básicos como la libertad de expresión, reunión, prensa, y religión; y,

Una sociedad civil activa que refleja los puntos de vista de los distintos intereses y facciones – iglesias, gremios, el sector privado, grupos étnicos, raciales y femeninos, asociaciones fraternales, universidades, centros de investigación, y otros tantos. Si a un gobierno le falta uno de estos elementos estructurales o garantías de libertades personales, no lo consideraría una democracia. Y si le faltan la mayoría de los atributos de una sociedad civil, o no permite que ésta funcione efectivamente, yo diría que no es una democracia completa, aunque tenga la estructura.

Aunque en todos lados la práctica de la política competitiva es un ejercicio apasionado e impetuoso, hay otra cualidad presente en las democracias más maduras y vibrantes, algo que es más fácil de describir que de definir, es decir, un clima de tolerancia, un digno reconocimiento hacia los puntos de vista diferentes, un respeto tanto por el espíritu de la ley como por la letra de la ley, y una creencia que el juicio de tus conciudadanos, y eventualmente de la historia, es más importante que el ejercicio diario del poder.

Si las democracias difieren unas de otras y aun así pueden compartir ciertos atributos, también lo hacen las economías exitosas. No hay un solo modelo, una sola manera de hacer que un país prospere. Pero todas las economías exitosas, por definición, necesitan producir bienes y servicios para llenar los requisitos de las personas. Todas las economías exitosas deben generar riqueza antes de poder distribuirla. Las economías más prósperas del mundo dependen del libre mercado, al igual que lo hacen las economías de más rápido crecimiento. Vean a China, Vietnam, Brasil y la India. Algunas de las economías de libre mercado, como por ejemplo Singapur o Suiza, casi ni involucran al gobierno. Otros, pensando en Suecia o España- le reservan un rol más amplio al estado.

Pero, de nuevo, todas comparten algunas características: el respeto por la propiedad privada; igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos; acceso al crédito; bajos aranceles o ningún arancel del todo; amplia inversión privada, nacional y extranjera, que sea tratada justamente; y gobiernos honestos, efectivos y transparentes, incluyendo el sistema jurídico, que debe sostener la inviolabilidad de la propiedad privada.
Hay otros factores, por supuesto, y entre ellos está una mano de obra educada y saludable, buenas carreteras, puentes y puertos, y telecomunicaciones modernas. Notarán, confío, que no mencioné recursos naturales. ¿Qué recursos naturales tiene Singapur o Suiza?  ¿Irlanda o Israel?  Pero estas naciones están entre las más ricas del mundo. ¿Por qué? Han establecido las condiciones necesarias para una economía de libre mercado exitosa y han formado a sus poblaciones para sacarle ventaja a esas oportunidades.

Voy a agregar que hay unos cuantos países prósperos que no siguen un modelo de libre mercado, pero en cada caso estos países están sentados sobre vastos campos de petróleo o gas natural. A menos que hagan planes para el futuro mediante la adopción de medidas económicas correctas, y varias de ellas están haciendo exactamente esto, su riqueza se irá disminuyendo según bajen sus reservas de hidrocarburos.

Al describir estas combinaciones de gobiernos libres y economías libres, de un estilo o de otro, he identificado lo que el mundo ahora llama capitalismo democrático. Toma muchas formas, pero sin importar la forma, ha probado ser la mejor manera de mantener un gobierno representativo, las libertades personales y el estado de derecho, y la mejor manera de crear y distribuir la riqueza.

Como creemos que es el mejor sistema –no perfecto, tiene sus fallas y defectos como demuestra la crisis económica actual, pero es lo mejor que tenemos al alcance – hemos alentado a que otros lo adopten. No lo impondríamos a otros países. No ordenaríamos la forma que ésta debe tomar. De hecho, se recomienda fuertemente que cada país la adapte a su cultura, historia, sociedad y tradiciones. El resultado, estamos convencidos, sería un mundo más libre, más seguro y más próspero.

Queremos que Nicaragua sea una parte activa de ese mundo. Esa es la intención de nuestros programas.  Buscamos apoyar a los nicaragüenses conforme fortalecen su democracia y desarrollan su economía. No podemos, y no queremos, hacerlo por ustedes; sólo queremos ayudarles a medida que ustedes lo hagan por ustedes mismos.

Todos y todas han escuchado muchas veces y en muchos foros sobre nuestros programas, así que voy a saltarme las acostumbradas recitaciones de nombres y números. En lugar de eso, quiero mencionar brevemente uno de nuestros programas de democracia para resaltar lo que éste ha logrado. Después les describiré dos programas en el norte, uno multimillonario, financiado por la Cuenta Reto del Milenio cerca de León, y uno más pequeño en Estelí, financiado en parte por un otorgamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Durante muchos años, la Embajada de los Estados Unidos, a través de USAID, trabajó con los nicaragüenses para asegurar que se estableciera la ley de Mediación y Arbitraje, que entró en efecto en el (2005). Desde entonces, el programa de estado de derecho de USAID ha ayudado establecer más de 20 centros de mediación y ha entrenado a más de 300 mediadores y árbitros, especialmente aquellos que trabajan con comunidades indígenas y hablan Miskito, Creole, Mayagna y, por supuesto, español.

Estos mediadores han resuelto más de 7,500 disputas, la mayoría de ellas relacionadas con pensión alimenticia de menores y pequeños reclamos de propiedad, generalmente ayudando a que ambos lados renegocien los plazos de pago. El proceso es más rápido y mucho más barato que ir a la corte.  Al mismo tiempo, enseña la resolución pacífica de disputas y promueve el respeto por los contratos y la ley.

El proyecto de estado de derecho de USAID es uno de los programas de democracia de nuestra misión.  Sabemos que la democracia tiene muchas facetas. Nuestros esfuerzos por promoverla requieren de un enfoque amplio y que nos refuerce mutuamente. Cuando los ciudadanos aprenden que la ley puede aplicarse de manera justa, ellos terminan confiando más en las instituciones del estado, y esto a su vez promueve que ellos participen plenamente en una sociedad civil y en el proceso político. Es así como la democracia, en sus muchas dimensiones, se apodera y crece.

También aplicamos el mismo enfoque abarcador para el desarrollo económico, algo que vi personalmente en mi viaje a León en septiembre. Ahí pude ver como la Cuenta Reto del Milenio integraba muchos de los componentes de desarrollo para generar resultados que beneficien a la población rural.

Empieza con la titulación de las propiedades. Cuando las familias obtienen un título limpio sobre sus tierras, tienen una garantía que les ayuda a obtener un préstamo. Al mismo tiempo tienen un incentivo para mejorar la propiedad y producir más. Para ayudarles a lograr esto, la Cuenta tiene un programa que les enseña a los productores técnicas más efectivas en apareamiento de animales, cultivo de tierra, reforestación y producción láctea sanitaria. Los representantes locales identifican una próspera finca líder, que llaman el núcleo, y ofrecen asistencia a los productores de esa área para enseñar tecnologías nuevas.

Hablé con uno de ellos, un hombre dueño de una finca de reses con unas cuarenta cabezas, y él me dijo que había aprendido en el núcleo que una grama de maleza particular, generalmente considerada una mala hierba, era excelente pasto para sus bueyes. Además, este tipo de planta crecía en cualquier lugar y es bastante resistente a climas calientes y secos. Por lo tanto podía continuar manteniendo gordas a sus reses, incluso en el verano, y lograr buenos ingresos al producir leche durante todo el año.

La última variable en este sistema integrado es la infraestructura. Si los productores rinden más, necesitarán la capacidad de vender más. Así que la Cuenta Reto del Milenio ha emprendido un programa de construcción de carreteras primarias y segundarias. Esto permite no sólo la entrega oportuna y más barata de bienes a los centros de distribución para mercados nacionales e internacionales, sino que también sirve para acercar a las comunidades, en todo sentido. Hablé con docenas de personas alrededor de León, desde proveedores de semillas y arbolitos hasta dueños de dos núcleos, y todos demostraron una determinación y un espíritu que ha convertido la teoría en la práctica. Es algo que, estoy seguro, servirá como modelo de desarrollo en otros lugares, no sólo en Nicaragua.

Mi último ejemplo es un proyecto llamado Alianzas, que es una sociedad entre USAID y grupos privados.  Busca enfrentar temas de educación básica, salud y nutrición a lo largo de Nicaragua. Permítanme contarles sobre sus hazañas en el norte, en Esteli, Matagalpa y Nueva Segovia, entre otras ciudades. Examinamos uno de los casos, donde USAID contribuyó el capital inicial y Handicap Internacional y la Fundación Stammbach donaron unas cantidades iguales para lograr un total de alrededor de 300,000 dólares.

En consulta y junto con los padres y niños, administradores de colegios y profesores, los coordinadores del proyecto decidieron mejorar el acceso físico en 15 de las cincuenta 50 escuelas de primaria en la región, mediante la construcción de rampas, la instalación de pasamanos, y la ampliación de marcos de puertas.  Esto permite ahora que más estudiantes con capacidades diferentes entren a la escuela por ellos mismos, o al menos de forma más fácil para continuar sus estudios.

A largo plazo, este proyecto puede contribuir a la democracia de una forma indirecta al servir como ejemplo de acción comunitaria. O quizás fortalezca el desarrollo económico al promover a algunos estudiantes inteligentes, pero con capacidades diferentes, a que continúen con sus estudios y convertirse en constructores del bienestar de este país. Pero esa no fue la razón por la que lo hicimos. Lo hicimos porque fue lo correcto. Sí, actuamos según nuestros intereses nacionales –todas las naciones lo hacen – pero también respondemos a los dictados de nuestra conciencia.

Motivados por nuestros propios intereses y por la moralidad, estamos aquí para apoyar a aquellos nicaragüenses que quieren alimentar y lograr el cumplimiento de un país democrático y próspero. Permanecemos comprometidos con esa visión y dedicados a esa meta, mirando hacia el futuro mientras reconocemos el pasado, y esperamos que nuestros amigos nicaragüenses concuerden en hacer lo mismo.

Muchas gracias.

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