discurso del embajador
Ceremonia de Inauguración de la nueva sede de la Embajada de los Estados Unidos
24 de enero de 2008
El Honorable Jaime Morales Carazo, Vicepresidente de la República de Nicaragua,
Excelentísimo Señor Samuel Santos López, Ministro de Relaciones Exteriores,
El Honorable Dionisio Marenco, Alcalde de Managua
El Honorable Embajador John Danilovich, Director Ejecutivo de la Corporación Cuenta Reto del Milenio
Su Eminencia Reverendísima Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua
Señor Paul Toussaint, Director Administrativo de la Oficina de Construcción en el Exterior
Nos acompañan en este Acto de Inauguración
El Honorable Cuerpo Diplomático,
Organismos Internacionales,
Señores y Señoras Ministros del Estado de Nicaragua,
Funcionarios de la Embajada,
Miembros de los Medios,
Invitados Especiales,
Amigos Todos.
Bienvenidos a nuestro nuevo comienzo en este hermoso día.
Permítanme ofrecer una bienvenida especial a nuestros invitados de Washington: al Director Ejecutivo de la Corporación Reto del Milenio John Danilovich, al Administrador Adjunto para América Latina y el Caribe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Paul Bonicelli,
Y a los representantes de la Oficina de Construcción en el Exterior del Departamento de Estado – los señores que de verdad hicieron que este día fuese posible.
Deseo expresar mi profundo agradecimiento a todos los miembros de mi equipo que han trabajado incansablemente durante estos últimos tres años para hacer de este día una realidad.
También quiero decir gracias al Gobierno Central y a la Alcaldía de Managua –y por supuesto a nuestros vecinos de Las Piedrecitas – por la enorme cooperación y la buena voluntad que nos han brindado a medida que se construían estos impresionantes edificios.
Como muchos probablemente ya saben, a lo largo de los años surgieron una serie de pequeños negocios alrededor del antiguo edificio de la Embajada, negocios destinados a “ayudar” a las personas que solicitaban visas.
El rótulo en la fachada de uno de esos negocios ubicado frente a la sección consular nunca dejó de hacerme sonreír cada vez que pasaba – el rótulo decía “Cyber Imperio – Ya estamos abiertos”.
La palabra “imperio” definitivamente tiene su propia connotación especial aquí en Nicaragua; una connotación que, debo decir, no es exactamente “positiva”.
Pero irónicamente, Thomas Jefferson – el autor de nuestra Declaración de Independencia y un incansable adversario del Imperio Británico – varias veces en sus escritos utilizó el término “imperio” al describir la entonces nueva República norteamericana.
El llamó a los Estados Unidos un “imperio de la libertad” –en la inquebrantable convicción de que nuestros valores democráticos pronto se arraigarían en el resto del continente de América del Norte y, eventualmente, mucho más allá.
Cuánta razón tenía.
Así que esta mañana - con el perdón de Thomas Jefferson y de los dueños de ese cyber, - Yo les digo hoy “Bienvenidos a la Embajada del Imperio de la Libertad – Ya Estamos Abiertos”.
En unos minutos todos ustedes tendrán la oportunidad de hacer un recorrido de este edificio. Van a recibir folletos que describen cuanto fue su costo, el número de pies cuadrados que cubre, y tal vez, incluso el número de kilómetros de cableado hacinados en sus paredes.
Francamente, no tengo idea de lo que sean esos números.
Pero sí puedo responder a una pregunta que a menudo me hacen, “Señor Embajador, ¿Por qué el nuevo edificio es tan grande?”
Los profundos lazos históricos, geográficos, económicos, culturales y familiares entre nuestros dos pueblos son innegables.
Los Estados Unidos es el mayor socio comercial de Nicaragua.
Ambos somos miembros del Acuerdo de Libre Comercio CAFTA-DR.
El sector privado de los Estados Unidos es la mayor fuente de inversión extranjera directa en Nicaragua.
Alrededor de quinientos mil (500,000) nicaragüenses viven en los Estados Unidos.
Esos nicaragüenses envían anualmente quinientos millones de dólares a Nicaragua en forma de remesas.
Diez mil norteamericanos viven en Nicaragua.
Miles de norteamericanos –impulsados por un sentido de servicio- viajan a Nicaragua cada año como ciudadanos particulares para participar en brigadas médicas, programas de vivienda, misiones de iglesias, obras de construcción, y otros proyectos humanitarios.
Los Estados Unidos es uno de los mayores donantes oficiales de Nicaragua - en los últimos diecisiete (17) años de gobierno democrático, nuestra ayuda total – en concepto de donación y condonación de la deuda – ha llegado a dos mil millones de dólares.
De hecho, nuestros programas de asistencia representan nuestro compromiso continuo con el pueblo nicaragüense para ayudarles en sus esfuerzos por fortalecer sus instituciones democráticas, promover una mayor oportunidad económica, mejorar sus servicios de salud y su sistema de educación, preservar su seguridad, y aliviar su dolor ante los desastres naturales.
Entonces, mi repuesto es que nuestro nuevo edificio es lo suficientemente grande como para que podamos honrar nuestro compromiso con el pueblo de Nicaragua.
Mientras existan nicaragüenses que amen la democracia y la libertad;
Mientras existan nicaragüenses que entienden el poder de la iniciativa empresarial, la inversión y el libre mercado;
Mientras existan nicaragüenses que sueñen con una vida más sana y feliz;
Vamos a extenderles la mano.
Por último, quisiera mencionar otro rótulo que me hace sonreír cada vez que lo veo.
Ese rótulo grande de color rosada que está ahí afuera.
Irónicamente, los Estados Unidos sabe algo sobre el “poder ciudadano”.
Nuestros padres fundadores inventaron ese concepto y lo pusieron en práctica desde hace más de dos siglos.
En efecto, un Presidente nuestro, tal vez el más celebre, Abraham Lincoln, en su discurso más conocido – pronunciado durante la ceremonia del primer aniversario de la Batalla de Gettysburg, durante nuestra gran guerra civil- definió la democracia sencillamente como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Abraham Lincoln fue un político intensamente partidario quien había acumulado poder personal sin precedentes, debido a su rol como Jefe Supremo de las fuerzas armadas durante esa guerra amarga.
No obstante, Lincoln creyó fervientemente, a lo largo de su Presidencia, que él debía fungir como presidente de todos los norteamericanos – Republicanos y Demócratas, del norte y del sur, negros y blancos, esclavos y libres.
Por lo tanto, al definir la democracia en esa oración, de esa forma, ese día, en Gettysburg, no mencionó a ningún partido político.
No habló de poder político.
No dividió a su público en clases distintas.
No habló de sí mismo, ni de su Presidencia.
Simplemente usó la palabra “pueblo”.
Y ahora sabemos – con mas de ciento cuarenta años de experiencia después de aquel día-- que cualquier democracia, de hecho, cualquier gobierno, que se aleja de la simple formulación que hizo Lincoln, lo hace con gran riesgo.
Nuevamente, muchas gracias a todos por estar aquí hoy con nosotros para celebrar la inauguración de la nueva Embajada de los Estados Unidos en Nicaragua.
Bueno, el momento ha llegado.
Les pido a nuestros invitados especiales que me acompañen a desvelar la placa conmemorativa.